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sábado, 9 de marzo de 2013

Lágrimas





Lágrimas para unos agua, para otros universos enteros en pequeñas gotas, pero cada una de ellas tiene su más preciado significado. Propio y único, pequeñas, brotan, deslizándose por una superficie, dejando huella, marcas imperceptibles, pero dolorosas, para aquel que las vierte, no piden clemencia, no piden perdón, solo perderse, salir, irse, liberarse… Muchos al verlas agachan la cabeza, sin saber qué hacer, como actuar, pequeñas, pero nobles, limpias, haciendo que el más fuerte se sienta débil ante ellas…
No piden ser secadas, solo flotar, caer, perderse en ti, entre el mundo, da igual el lugar, el sitio, donde, el cómo, solo salen, marchándose, nuestro ser se va con ellas. Muchas veces en la vida nos las tragamos, envenenándonos con ellas, nuestras entrañas tiemblan, espeluznante es su poder, se tiñe todo de negro, se empaña, veneno, regurgitan dentro de nosotros, hacen que seamos diminutos, significantes, pequeños, querer escondernos en la más profunda oscuridad, que nadie nos vea, que nadie las perciba, buscamos el lugar más remoto, el silencio más absoluto, y a pesar de que ellas quieren gritar, las ahogamos entre llantos, mordiendo la carne, soledad, profundo silencio…
Lágrimas palabras de peso para unos, vació para otros, sustancia que nos compone, gotas de luz, brillantes, pero insignificantes, contadlas, ¿Cuántas son? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Cuál es el motivo?
Te hacen morir por dentro, procurando salir, abriéndose paso, sin importar los obstáculos, las tragas, y vuelven con más fuerza, impulsándose fuerte, haciendo que la sangre en tu cabeza cabalgue, como si pasara un grupo de caballos al galope, corriendo fuerte, te dejan sin aliento, las sienes arden, clavas tus uñas en la piel, haciendo que duela, que esas lagrimas tomen otro camino, cambiando el dolor por otro dolor, muerdes el carnoso labio, sabe a cobre, el sabor de la sangre, tragándote esta misma poco a poco, cayendo donde caen las lágrimas, en ti..
Lágrimas, enigmas para unos y nada para otros, te fisuran y salen contigo corriendo, en silencio, en el más puro silencio de la noche, pero cada caída, cada choque, es un grito, tú lo oyes, pero nadie más lo hace, entre temblores y ahogamientos, callas palabras con ellas, palabras que no te atreviste a decir, o no tienes el valor suficiente para hacerlo. Y lloras por cada uno de los errores que consideras haber cometido, por las injusticias a las que has sido sometida, empatía, salen hasta en los sueños y disimulas no haber pasado cuando tu sabes que mientras tú estabas lejos, ellas humedecían tu rostro, cerca…
Tus pestañas húmedas, disimuladamente de secas los ojos, como si fueran algo sucio, algo vergonzoso, algo malo, lágrimas…
Por mucho que apretemos los ojos, perdiéndonos entre deseos, entre cosas que deseamos que hubieran pasado y no, todo sigue igual, todo está como siempre, como antes de cerrar los ojos y vertiéndonos en ríos, salados…
Las lágrimas son nuestras palabras, aquellas que se quedan en la punta de la lengua, aquellas que diríamos, entre puñetazos, gritos, entre escándalo, vomitándolas, a personas que nos importan, que no, que nos hirieron, que nos dañaron, o simplemente palabras que diríamos, arrepentimientos, deseos, frustraciones, no muchas personas comprenden el idioma, y no encuentran belleza, pero yo veo que ahogan a los fuertes, y saca el lado frágil de la gente, aquel que todos tenemos, pero escondemos…
Valientes aquellos que se atreven a dejarlas salir, y cobardes los que se las traga, muriendo en su propio agua, ahogados entre dolor y orgullo, dañados, fracturados por dentro, pero por fuera llevan su mejor coraza.
Tus lágrimas, fuerza, sacrificio, silencio, idioma que solo la almohada conoce, que las disimula, se las traga, las esconde, camufla tus sollozos, y no sangra cuando la golpeas y muerdes, idioma que ni los más cercanos conocen…
Creen encontrar motivo, pero nunca dan con la razón, creen conocerte y son completos desconocidos, creen que tus lágrimas son el fruto de algo pequeño, pero solo tú sabes la tormenta que hay en ti, cada latido un trueno, y cada sacudida, galopan intentando salir por los ojos y las frenas en el último instante, relámpago, tienes que ser así de rápida, como los relámpagos…
No se imaginan que los muertos también lloran, porque tú has muerto, la vida depende de muchos factores, y cuando todos los pilares, las murallas, el mundo entero arde, no puedes, no tienes fuerza suficiente para adaptarte a el, y lloras lágrimas sagradas para apagar el fuego, para que todo termine, y jamás acaba, es una tortura continua…
Las lágrimas, sangre de nuestros ojos, patinan sobre las mejillas hasta caer y alcanzar una superficie a cual aferrarse, como nosotros nos aferramos a la almohada, porque no hay nadie que sostenga tu rostro, que te susurre, que te guié  todo a muerto, y ellas estarán escondidas a lo largo de tu vida, a punto de salir.
Duermo para no subsistir, para no confesarme en la noche, para no volver a tener conversaciones interminables con la luna, con la almohada, porque no tengo fuerzas para poderlas contener, porque ya no las quiero disimular, son parte de mi, y paso horas entre ellas, y no se acaban, me pierdo entre unas y otras… Tienen tanta belleza,¿ o es parte de mi belleza que se va con ellas?
Siento tantas veces como mi corazón y mi cabeza luchan constantemente, gritándose uno al otro, llorando los dos por sus razones, por su propio pensar, creyendo que cada uno tiene la mejor palabra, que es lo que debes seguir, no están de acuerdo nunca, siempre combaten, no hay tregua, y se limitan a ir cada uno por su lado y llorar…
Lágrimas, huellas del pasado, sueños del futuro, presente frió como el hielo, susurros  traen palabras, se lleva otras, cuentan cosas, pocos comprenden, y tantos causan cosas que se dicen, intencionadamente, otros no son consciente, pero lo hacen, y vuelven a florecer, a salir…
Ojos hinchados, ojeras marcadas, mentiras que esconden, verdades que se ven, no te atreves ni tú a enfrentarte a la verdad, pero no importa, las lágrimas tienen un aliado la sonrisa, que tras ella se esconde toda tu vida…
Nadie les da importancia, nadie se molesta, ya no lo haces ni tú, pero al menos intentas abrir el grifo para que caigan como la lluvia en otoño, fuerte, rápidas, corriente abajo, los que no las dejan salir terminaran ahogándose en ellas, sin salvación alguna, tarde será, no habrá vueltas atrás, y podrán decir que soy débil, soy fuerte, porque llevo mucho peso, traigo conmigo heridas y dolores, no se ven pero están, sé que estoy rota, ellos también saben que lo están pero no se intentan recomponer, esperan y mueren esperando, yo me debato, actuó, me equivoco, trato de hacer lo correcto, aprendo, caigo de nuevo, pero soy valiente…
No os dejéis caer en vuestro océano, dejar que salga, y que vuestro interior se renueve, aunque este agrietado, no es una vergüenza llorar, significa, que aun somos humanos, que hay vida en nosotros, que a pesar del dolor, tenemos sentimientos, no escondáis vuestra cara, no os pongáis un escudo que nunca os protegerá, porque bajo el, seguirá estando vuestro verdadero yo, vuestro océano particular, lo único que conseguiréis, es no sentiros bien con nosotros mismos, llorar es valiente, no hacerlo y verlo como algo débil, os hará como tal…


Las lágrimas son la sangre del alma.
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San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

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