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domingo, 10 de marzo de 2013

Ciclos de la vida





Tengo una visión que se repite constantemente sé que no es de hoy, se que se trata de otra vida, de otros tiempos, porque nuestra topa, la ropa que llevamos es de época, se trata del siglo XX, es igual que la que observamos en películas, en esas películas clásicas, esos bordados, una pena, ya no se llevan, pero visten nuestros cuerpos, nos quedan de maravilla. Por eso se que no se trata de hoy, es hermoso saber que te conocí en otra vida.
Estamos corriendo por un bosque, amplio, verde, parece primavera, porque muchos árboles tienen flores, huele a cerezos, siempre me han gustado, soy yo, me reconozco, aunque no soy la misma que la de esta época, la que te escribe ahora mismo, tengo el pelo castaño, largo y rizado, conforme voy corriendo, saltan sobre mi espalda, me hacen cosquillas en los hombros, y no paro de reír, aunque rio, porque la felicidad me persigue, eres tú.
Hago como que quiero escapar de ti, pero en realidad mi deseo es que me cojas, sonrió, y me abro paso entre las ramas de los árboles, las aparto con las manos, me agacho, llevo un vestido blanco, ceñido, unas minúsculas flores rojas, parecidas a las de los cerezos lo adornan,  me sigues velozmente, yo no hago más que sonreírte, estoy contenta, y reboso de felicidad. No es un sueño, es una visión, la tengo desde siempre, desde antes de conocernos, la sigo teniendo ya conociéndote, pero me gusta viajar hasta ese momento, porque tiene magia. Te conocí en otras vidas, estoy segura de ello, tu pelo, tu rostro, eres tú, el mismo que tengo al lado.
Son épocas, ciclos, siglos, que nos separan, pero no me alarma, el destino, es estar juntos en cada uno de los tiempos que hay escritos, nosotros dos, dando vida a un amor, no importa nada, absolutamente nada, solo nuestro encuentro…
Te miro y veo el paso del tiempo, cambiando poco de aspecto, pero el amor, nuestro amor no ha cambiado nunca, pese a dificultades, a estatus sociales, a formaciones, nada, siempre caíamos de rodillas uno frente al otro, declarándonos amor…
Ahora viajo lejos, mucho más lejos que antes, extenso es el prado que hay frente a nosotros,  en medio de el estamos tu y yo, veo tu pelo caer por tu frente húmedo, tapándote los ojos, los ojos de un azul, un azul glacial, preciosos, los reconozco, tu camiseta es antigua, concorde al tiempo que estamos, un chaleco, eres mi caballero, tus manos son rudas, fuertes, y las sostengo con mis manos delicadas, estamos de rodillas, llorando, debo de ser alguien importante, alguien de alguna alta sociedad, el diseño del vestido, lo denota, mis manos, mi pelo recogido de aquella manera, pero el vestido es de fina seda, un corpiño con hilos de oro, los zapatos son magníficos, aunque ensuciados por el barro, creo haberte alcanzado, creo que nos desean separar, pero no pueden prometo que si algo te pasa, me pasara a mí, estoy dispuesta a entregar mi vida, antes que vivir sin la tuya. Aparto tu cabello, para verte mejor los ojos, están rojizos, por las lagrimas, debemos de ser jóvenes veintitantos, veo como tus largas pestañas soportan gotas de lluvia, con el dorso de mi mano acaricio suavemente tu mejilla, no dudo en abrazarte, tu cuerpo se desploma entre mis brazos, nada nos separara, sigo diciendo rápidamente, cuando acabo de decirlo, vuelvo a decirlo otra y otra vez, unidos en cada vida, te susurro…
Ahora en el presente nos amamos igual, cuando te doy la mano la reconozco, reconozco tu sostener, tus dedos jugando con los míos, tantas vidas, y que  poco has cambiado amado mío...
Duermo, pero en vez de descansar voy vagando en cada reencarnación, en cada amor, en nuestras historias, conociéndolas todas, somos luz, poseyendo un cuerpo, nos vamos y nos reencontramos, compenetrados, nunca estamos solos en ninguna vida, tú estás conmigo y yo contigo mi ángel, somos uno del otro, no importa lo lejos que estemos, el lugar, la edad, los impedimentos, siempre acabamos conociéndonos, yo siempre te acabo reconociendo, porque eres único en todo el mundo, y de entre tantos solo estas tu, mi amor.
Te conozco y sé todo de ti, tus fechorías, tus engaños, tus mentiras, aprendo y te conozco, tanto como si conociera mi propia alma, la verdad es que somos la misma, dos luces unidas, dándose la mano, no te cambiaría  y no dejaría de amarte, por nada. No hay nada en este mundo que me haga considerar el hecho de amarte, tu existencia es vital, verte volver es un regalo, compartir tantas vidas demuestra que la inmortalidad existe, que la eternidad esta allí, y yo la veo, la veo cada vez que sostengo tu mirada.
No desaparecemos, si no es uno con el otro, lo he visto, lo he sentido, los caminos de la vida nos unieron, y nos sigue uniendo, estás conmigo cuidándome, y yo cuido de ti.
Si mi amor, cuando las enfermedades no tenían cura, tu cuidabas de mi, poniendo paños mojados sobre mi frente, para que la fiebre bajara, secabas cada gota de sudor que mi cuerpo emanaba, sabias que me iría, mirándome a los ojos veías mi lastima al dejarte, pero te cogía la mano y te decía te esperaré, te seguiré, y volveremos a vernos. Y así fue, como fuiste, y eres el motivo de mi sonrisa, la alegría en lo difícil, la esperanza en el final y la luz en la oscuridad.
Mi retina esta impregnada de todos los pasos que hemos dado hasta llegar a hoy día, podría contarte tantas historias, que casi nos separan, que nos separo, y nos volvió a unir. Amado mío.
Reclutado para la guerra, en mi algo se rompió, pues no podría, no quería que hubieran segundos que nos separaran, que no, nos dejaran amar, impedirnos disfrutar de la compañía mutua. Tus cartas, esperadas, ansiadas, aliviaban tu falta, tu falta que crecía cada vez más en mí. Echaba de menos esos besos conocidos, escucharte decir que este era tu lugar, que estabas deseoso de quedarte conmigo, compartiendo lo poco que teníamos, pero que mejor regalo que tenernos. Te esperaba, estuvieras donde estuvieras, en el andén de nuestras vidas, trayendo contigo, nuevas cosechas de una vida, de otra, nada acababa, nada empezaba, nada tenía ni principio ni final, nuestra historia es como nunca y como siempre.
Mi marinero, de pelo corto, ¿donde dejaste aquel espeso cabello que una vez te cubría la frente, impidiendo que te vea los ojos con claridad?
Peinado corto, a la vista están esos ojos que acaban teniéndome encadenada a ti, penetrantes, fuertes, luchadores, hablándome, dicen que volverán, desde lejos, tanto tiempo juntos, se leerlos, comprendo su lenguaje.
Pedí más de una vez a Dios consuelo, rezando y reclamando tu vuelta, pero esta vez lo necesitaba más que nunca, íbamos a ser tres, nuestra alma partida, en un dulce y pequeño amor, parte de ti, y recuerdo un puerto lleno despidiéndonos, de nuestros amores, de nuestros hijos, de nuestros nietos, sobrinos, lagrimas, tantas como el mar que surcabais, marineros…
Te recuerdo de una guerra volver, herido, no me importo, para mí siempre fuiste mi héroe, mi amor era incondicional, y te amaría fueras como fueras, solo necesitaba sentir tu corazón latir junto al mi, las cicatrices no me importaban, ahora a algunas las llamas marcas de nacimiento, pero mi amor, eran heridas, heridas que casi acaban contigo, pero siempre has sabido volver a tu lugar qué era yo, eso me decías, y eso te juraba yo, fidelidad, amor eterno, y vidas llenas de amor, cumpliendo mi palabra.
De algunas batallas no volviste, y me encontraba loca, leyendo tus cartas, tus últimas palabras sobre un papel, grueso, tu letra, escuchaba tu voz al posar mis ojos sobre él y deslizándome, las veces que te faltaba, lo bonito que era el cielo, mientras en la tierra estaba desatándose el infierno, el miedo que tenias al no verme, y muchas veces no nos vimos, y ¿Cuántas veces perdí la vida a causa de tu ausencia? Encontraba algún modo de reencontrarme contigo, la horca, el veneno, un disparo. Egoísta por mi parte dejar atrás cosas, ¿pero qué hacer cuando tu amor ya no va a volver? Al menos, así sabia que volvería a estrecharte entre mis brazos, que volvería a amarte, aunque me digieras una y otra vez ¿Por qué? Porque te amo, mi amor, porque mi destino es estar encadenada a ti, no es una condena, y si lo fuera, encantada de cumplirla, porque mi corazón late, por ti, porque es grande el dolor de la ausencia, y aunque no acabara yo con mi vida, lo haría ella, cuando tu mueres, yo muero, no aguanto sin ti, eres mi aire, aunque a veces me sofoques…
No podría ser una pasajera mas de este mundo, paseando sin rumbo, sabiendo que no volverías hasta la próxima vida, no podría estar sin ti, recuerda, siempre juntos.
Al verte sonreír, te reconocí, nuestra luz quedo unida, amándonos en esta otra vida, escribiendo una historia que la volveré a ver, más adelante, cuando los dos estemos lejos de aquí, viviendo más dificultades, pasando mas desastres, pero todo se puede hacer cuando tu mano me agarra fuerte, cuando me miras sonriente, no tengo miedo, no hay nada que me frene si se trata de ti, puedo darlo todo por volverte a ver junto a mí, así de feliz. Descanso y llegan las premoniciones, te veo partir, me despierto, y te veo dormir, a mi lado acostado, miro mi mano, tu anillo, el de siempre regalado, una piedra y cuatro a cada lado, no sé como aparece, pero siempre es ese, el mismo que nos compromete.
Te beso suavemente, no quiero que te despiertes, me vuelvo a recostar dándote la mano, agarrándote, para no escapar, doy gracias a Dios porque estas presente, en todas las vidas, en mi mente.
Somos ejemplo para los que no creen en el amor, si existe, nosotros venimos a demostrarlo a amarnos, morimos de amor, sobrevivimos a todo, y a pesar de todo florece, y crece en nosotros, nosotros los que amamos creamos un mundo, somos capaces de reconstruirlo, porque lo que sentimos nos da equilibrio, somos capaces de cuidar todo, de amar, y dejar huella de lo que somos en todo…
Estamos en eras modernas, pero las cosas no han cambiado aquí también estamos luchando, hay gente que no acepta vernos juntos, pero nosotros nos reímos del mundo, porque nos pertenece, hemos vivido tanto, que nuestro espíritu esta escaldado, sabemos cómo hacerle  frente a todo, como hacernos notar, como demostrar que no nos van a separar, no sin pelear, que ni dos tumbas no lo lograran, que haremos lo imposible, por dar el uno con el otro, llevamos así años, décadas, y siempre acabamos encontrándonos, amándonos locamente, como siempre, jurándonos que no podrá nada ni nadie, con nuestra lucha..
Conozco sus labios, y me encanta besárselos, sus ojos me provocan, su cuerpo me evoca, nos amamos sin más, pese a las trampas, de la gente, a sus habladurías, a sus cuchicheos, nuestra relación en nuestra, no es de nadie más, no caemos en tentaciones, somos fuertes, somos dueños de nuestro errores ya cometidos, ya no tenemos motivos, sabemos que lo nuestro es duradero es fuerte, motivo de envidia, de celos, pero ninguna palabra nos ha hecho dudar, lo conozco, se dé que es capaz, sé que no lo haré  en el fondo él sabe que soy tan suya como el es mío, vivir la vida juntos, es nuestro destino..
A veces me gustaría que vieras las otras vidas, que no te asustes, que veas lo maravilloso mundo que nos une, la sangre derramada, las lagrimas que han empapado nuestra alma, la vida que dimos, con fines de volver a sentir lo que hoy sentimos, de sentirnos tan vivos, tan deseos de no compartir, de vivir y disfrutar, de que venga tempestades y luchar, de reír junto a ti, mientras tú me des la mano seré feliz...
Dejo que me cojas, que me agarres de la cintura, que me aprietes contra tu pecho, sentir atreves del chaleco, de la camisa, de la piel, la carne, tu latido, tu respiración fuerte, tu mirada glacial, acercándose, besándome, terminando sentados sobre la hierba, en un lugar alto, viendo el atardeces, estrechándome entre tus brazos y oigo esa frase que me ha marcado, que la dices a cada rato, cada vida espero que la digas, y cuando la sueltas mi piel se pone de gallina… “Te amare en esta y en todas las vidas que me sean posibles, en todas las reencarnaciones seré tuyo, como tú eres mía ahora mismo, que nuestra luz sea eterna y me ilumines siempre con esa sonrisa”
Te contesto “ Amado mi estamos predestinados, no habrá nada que pueda separarnos mientras esta llama arda tanto, nuestro amor es eterno, tenemos tantas vidas para querernos, no me vas a fallar, y no te fallare nunca, te amo, siempre y no terminara nunca, seré eternamente tuya”
El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio.
Stendhal (1783-1842) Escritor francés.

sábado, 9 de marzo de 2013

Lágrimas





Lágrimas para unos agua, para otros universos enteros en pequeñas gotas, pero cada una de ellas tiene su más preciado significado. Propio y único, pequeñas, brotan, deslizándose por una superficie, dejando huella, marcas imperceptibles, pero dolorosas, para aquel que las vierte, no piden clemencia, no piden perdón, solo perderse, salir, irse, liberarse… Muchos al verlas agachan la cabeza, sin saber qué hacer, como actuar, pequeñas, pero nobles, limpias, haciendo que el más fuerte se sienta débil ante ellas…
No piden ser secadas, solo flotar, caer, perderse en ti, entre el mundo, da igual el lugar, el sitio, donde, el cómo, solo salen, marchándose, nuestro ser se va con ellas. Muchas veces en la vida nos las tragamos, envenenándonos con ellas, nuestras entrañas tiemblan, espeluznante es su poder, se tiñe todo de negro, se empaña, veneno, regurgitan dentro de nosotros, hacen que seamos diminutos, significantes, pequeños, querer escondernos en la más profunda oscuridad, que nadie nos vea, que nadie las perciba, buscamos el lugar más remoto, el silencio más absoluto, y a pesar de que ellas quieren gritar, las ahogamos entre llantos, mordiendo la carne, soledad, profundo silencio…
Lágrimas palabras de peso para unos, vació para otros, sustancia que nos compone, gotas de luz, brillantes, pero insignificantes, contadlas, ¿Cuántas son? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Cuál es el motivo?
Te hacen morir por dentro, procurando salir, abriéndose paso, sin importar los obstáculos, las tragas, y vuelven con más fuerza, impulsándose fuerte, haciendo que la sangre en tu cabeza cabalgue, como si pasara un grupo de caballos al galope, corriendo fuerte, te dejan sin aliento, las sienes arden, clavas tus uñas en la piel, haciendo que duela, que esas lagrimas tomen otro camino, cambiando el dolor por otro dolor, muerdes el carnoso labio, sabe a cobre, el sabor de la sangre, tragándote esta misma poco a poco, cayendo donde caen las lágrimas, en ti..
Lágrimas, enigmas para unos y nada para otros, te fisuran y salen contigo corriendo, en silencio, en el más puro silencio de la noche, pero cada caída, cada choque, es un grito, tú lo oyes, pero nadie más lo hace, entre temblores y ahogamientos, callas palabras con ellas, palabras que no te atreviste a decir, o no tienes el valor suficiente para hacerlo. Y lloras por cada uno de los errores que consideras haber cometido, por las injusticias a las que has sido sometida, empatía, salen hasta en los sueños y disimulas no haber pasado cuando tu sabes que mientras tú estabas lejos, ellas humedecían tu rostro, cerca…
Tus pestañas húmedas, disimuladamente de secas los ojos, como si fueran algo sucio, algo vergonzoso, algo malo, lágrimas…
Por mucho que apretemos los ojos, perdiéndonos entre deseos, entre cosas que deseamos que hubieran pasado y no, todo sigue igual, todo está como siempre, como antes de cerrar los ojos y vertiéndonos en ríos, salados…
Las lágrimas son nuestras palabras, aquellas que se quedan en la punta de la lengua, aquellas que diríamos, entre puñetazos, gritos, entre escándalo, vomitándolas, a personas que nos importan, que no, que nos hirieron, que nos dañaron, o simplemente palabras que diríamos, arrepentimientos, deseos, frustraciones, no muchas personas comprenden el idioma, y no encuentran belleza, pero yo veo que ahogan a los fuertes, y saca el lado frágil de la gente, aquel que todos tenemos, pero escondemos…
Valientes aquellos que se atreven a dejarlas salir, y cobardes los que se las traga, muriendo en su propio agua, ahogados entre dolor y orgullo, dañados, fracturados por dentro, pero por fuera llevan su mejor coraza.
Tus lágrimas, fuerza, sacrificio, silencio, idioma que solo la almohada conoce, que las disimula, se las traga, las esconde, camufla tus sollozos, y no sangra cuando la golpeas y muerdes, idioma que ni los más cercanos conocen…
Creen encontrar motivo, pero nunca dan con la razón, creen conocerte y son completos desconocidos, creen que tus lágrimas son el fruto de algo pequeño, pero solo tú sabes la tormenta que hay en ti, cada latido un trueno, y cada sacudida, galopan intentando salir por los ojos y las frenas en el último instante, relámpago, tienes que ser así de rápida, como los relámpagos…
No se imaginan que los muertos también lloran, porque tú has muerto, la vida depende de muchos factores, y cuando todos los pilares, las murallas, el mundo entero arde, no puedes, no tienes fuerza suficiente para adaptarte a el, y lloras lágrimas sagradas para apagar el fuego, para que todo termine, y jamás acaba, es una tortura continua…
Las lágrimas, sangre de nuestros ojos, patinan sobre las mejillas hasta caer y alcanzar una superficie a cual aferrarse, como nosotros nos aferramos a la almohada, porque no hay nadie que sostenga tu rostro, que te susurre, que te guié  todo a muerto, y ellas estarán escondidas a lo largo de tu vida, a punto de salir.
Duermo para no subsistir, para no confesarme en la noche, para no volver a tener conversaciones interminables con la luna, con la almohada, porque no tengo fuerzas para poderlas contener, porque ya no las quiero disimular, son parte de mi, y paso horas entre ellas, y no se acaban, me pierdo entre unas y otras… Tienen tanta belleza,¿ o es parte de mi belleza que se va con ellas?
Siento tantas veces como mi corazón y mi cabeza luchan constantemente, gritándose uno al otro, llorando los dos por sus razones, por su propio pensar, creyendo que cada uno tiene la mejor palabra, que es lo que debes seguir, no están de acuerdo nunca, siempre combaten, no hay tregua, y se limitan a ir cada uno por su lado y llorar…
Lágrimas, huellas del pasado, sueños del futuro, presente frió como el hielo, susurros  traen palabras, se lleva otras, cuentan cosas, pocos comprenden, y tantos causan cosas que se dicen, intencionadamente, otros no son consciente, pero lo hacen, y vuelven a florecer, a salir…
Ojos hinchados, ojeras marcadas, mentiras que esconden, verdades que se ven, no te atreves ni tú a enfrentarte a la verdad, pero no importa, las lágrimas tienen un aliado la sonrisa, que tras ella se esconde toda tu vida…
Nadie les da importancia, nadie se molesta, ya no lo haces ni tú, pero al menos intentas abrir el grifo para que caigan como la lluvia en otoño, fuerte, rápidas, corriente abajo, los que no las dejan salir terminaran ahogándose en ellas, sin salvación alguna, tarde será, no habrá vueltas atrás, y podrán decir que soy débil, soy fuerte, porque llevo mucho peso, traigo conmigo heridas y dolores, no se ven pero están, sé que estoy rota, ellos también saben que lo están pero no se intentan recomponer, esperan y mueren esperando, yo me debato, actuó, me equivoco, trato de hacer lo correcto, aprendo, caigo de nuevo, pero soy valiente…
No os dejéis caer en vuestro océano, dejar que salga, y que vuestro interior se renueve, aunque este agrietado, no es una vergüenza llorar, significa, que aun somos humanos, que hay vida en nosotros, que a pesar del dolor, tenemos sentimientos, no escondáis vuestra cara, no os pongáis un escudo que nunca os protegerá, porque bajo el, seguirá estando vuestro verdadero yo, vuestro océano particular, lo único que conseguiréis, es no sentiros bien con nosotros mismos, llorar es valiente, no hacerlo y verlo como algo débil, os hará como tal…


Las lágrimas son la sangre del alma.
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San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.