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sábado, 19 de marzo de 2016

De amiga a amiga...



De amiga a amiga…
Hoy te escribo desde un futuro no muy lejano, puede que nos crucemos, o puede que pase a tu lado, inadvertida, puede que sea la chica que está sentada a tu lado en el autobus, o en la cafetería, la dependienta que te atiende, o la que te sonríe atreves del espejo.
Ser tu misma.
No importa quién soy, solo tienes que saber que te entiendo, entiendo tu sufrimiento, tu mirada triste, y la sombra de dolor que arrastras.
Crees que no podrás ir muy lejos, que el tiempo va despacio, a otro ritmo, que no existe tanta soledad y que te rodea como una burbuja, crees que el tiempo lo trabaja todo, pero no tienes la esperanza suficiente para creerte tus palabras, no tienes paciencia y tienes prisa, prisa por dejar el dolor. Sientes que es una maleta que te llevas a todas partes, al trabajo, en ese súper mercado en la que escuchas esa canción que te lo recuerda, que el gesto de aquel desconocido te lo trae de vuelta a la memoria, y que el aire te trae aposta su fragancia para ponerte nerviosa, de verdad que tu lo intentas, luchas con todas esas adversidades.
 Pero crees que ya no puedes más.
Y créeme que yo, te entiendo, entiendo esas lagrimas que resbalan por tus mejillas, esa mirada que se pierde en esas caricias ajenas, los latidos que admiran besos extraño, esas películas que  hacen ponerte en el lugar de la protagonista, las páginas de la novela que marcas como favoritas, tu risa, inocente que lanzas a ese desconocido que no te atrae pero que quizás te podría consolar, buscas algo en su mirada y quieres perderte, escudriñas su cuerpo y buscas, pero no encuentras, porque no te mereces engancharte a alguien o atrapar a  ese alguien sin poder darselo todo, todo lo que sabes que eres capaz de dar, y rechazas esa oportunidad.
La dejas escapar, vuelves al lugar que conoces, y quizás llores en un baño, o puede que tomes un camino que no conduce a ningún lugar que conozcas, aparentemente, pero necesitas escapar, sentirte libre, y mientras lo recorres lloras, la gente puede mirarte, nadie preguntara, ni tu esperas respuestas, te alejas, porque no quieres estar en ningún lugar de este mundo y ninguna persona podría proporcionarte el consuelo que necesitas, las palabras que quieres escuchar no te las pueden decir, las que no quieres oír no las vas a escuchar, hace tiempo que no te llegan, inevitablemente no podrás disuadir la furia esa que sientes porque no te llegan las palabras que tu sabes y no quieres mencionar.
Ya no te sientes la protagonista de tu vida, sientes que nada ya da sentido, que una vez con su renuncia todo se ha ido, evitas los atajos que te llevan a sus recuerdos, rebobinas tu cabeza con la intención de borrar todo lo que te ata a él, pides deseos al viento para que se lo lleven lejos, miras hacia el cielo, buscando consuelo, escribes sobre el papel mensajes que te recuerden que debes sonreírle a la vida, le cuentas a esa amiga buscando que te entienda, te consuela, por un momento, vale, y relés esos mensajes en los que te anima a seguir.
Lo que no sabes aun es que alguien en un lugar de tu camino, a la misma hora, en el mismo momento pide conocerte, y que será concedida esa petición, porque es sincero, verdadero.
Pero a la mañana siguiente esos mensajes ya no sirven, no te consuelan, que tu lo intentas y luchas por abrir una brecha por la que pase el futuro, y puede que en tu desesperación por el olvido hagas locuras.
Amiga yo te entiendo, yo también las he hecho, a mi puerta también llamo la desesperación y la locura, también la deje pasar, por mis venas también corrieron sustancias que prometían olvidar, también conocí la destrucción, la venganza, los días sin color, el desequilibro, la tortura, para conocer finalmente el perdón.
No puedo decirte el tiempo que necesite, no puedo darte números, ni una aproximación exacta, ni engañarte, es normal, esos sentimientos que te llevan desde un punto al otro, son normales, desde el odio hasta volver a amarle, sientes que te destruye y renaces, pero con cada ola te ahogas un poco más, no ves la superficie, y la vida es un trago amargo de él.
Nadie te entiende, son las palabras que construyen tu día a día,  guardas ese dolor, es tu diario, ha llegado el día que ya no lo compartes con nadie, no saben, esperas quieta a que eso se vaya o se emborrone tu historia con lagrimas.
 Pero la que no lo entiende, eres tú, la que no quiere verlo, puede que esa mujer a la que le sonrías, o la que te mira fijamente desde el otro lado de alguna habitación lo  este viviendo, o lo ha sentido, se llama desamor. Pero tu prefieres quemarte las entrañas con ese acido, dejas que vuelvan sus caricias,  sus besos, sus falsas promesas, y no entiendes, como tu podías vivirlo con otra intensidad diferente a él, te culpas, sabes exactamente que la culpa es solo tuya, oh si hubieras sido, mas afectiva, mas romántica, si hubieras escuchado mejor, si fueras más normal, más perfecta, más dulce, mas buena, quizás mas mujer, menos niña, más madura, tenias que haber puesto más carne en el asador, mas amor, seguro que la clave es haberlo hecho mejor, entregar más de lo diste, poner más pasión, ser más delgada, mas alta, menos maquillada, más natural y muchas más cosas…
Las exigencias llegan a ser tan altas que te faltan 20 vidas para cumplirlas, te resignas, en la culpa, es lo que hay te dices.
Recuerdas sus promesas, analizas sus gestos, y buscas esos momentos que se te escapan, no encuentras nada fuera de lugar, no veías el peligro, no lo intuías, algo sentías pero nada a lo que darle demasiada importancia, no pudiste precipitarte,  quisiste hacer lo correcto, pues si tu eres sincera de corazón, temerían pisar esa verdad, porque sigues pensando que hay personas como tú, esa farola que brilla en medio de un mundo oscuro, y no, no eres perfecta, pero prefieres tener principios, por algo se empieza te dices.
No lo comprendes, no sabes en que fallaste, se lo preguntas al mundo, hasta que llegas frente al espejo y se lo preguntas, no hay respuesta, te resignas, comprendes que lo que más duele, es no hallar respuestas, esos porqués que quedan por contestar y eso te destroza.
 Las respuestas que a todos se nos escapa.
La cama demasiado ancha, te levantas, porque ya no hay espacio para tus pensamientos en esa habitación, abres la ventana para que salgan, el aire fresco te impacta, saludas la noche esperando un milagro, un silencio atronador, puedes oír tu corazón, sus palabras, intentas taparlas, vivir el momento, pero el momento es su recuerdo, y el dolor que te pinza los nervios, la boca de tu estomago esta revuelta, como si tu cuerpo esta tan lleno de él que quieres vomitar, pero nada sale, es una sensación de angustia, de encerramiento, un bloqueo. Y te desnudas frente a esa ventana, quieres sentir, sentirte viva es lo único que quieres, comprender, alcanzar lo anhelado, en mitad de esa noche te preguntas si él piensa tanto como tú lo piensas a él, ¿sabe el que hace tiempo que no duermes?, ¿que no comes?, y que no compartes ese dolor con nadie ya, que te lo guardas en lo más hondo de tus tripas.
Esperar, esas son tus noches, imaginas, que en mitad una noche como esa, la pantalla de tu móvil se enciende, te pregunta un simple “que tal”, primero dudas, escribirás un mensaje, y lo borras, dudas en hablarle, escribes algo distante, lo borras, algo que pudiera ver que lo echas de menos, lo borras, y acabas por borrarle a el mismo, pero dudas, y vuelves aceptarle, para volver a borrarle, te debates entre la duda y la furia, la duda de tus sentimientos, la furia que te produce su indiferencia, pero es de noche, tan tardío, ¿piensa en ti?, decides esperar hasta la mañana siguiente, no lo tienes ya tan claro, porque dudas de que sea tu mente la que te la juega, igual no será de verdad.
En algún momento podías haberlo soñado.
Te preparas,  le contestas, su reacción no es la que te esperas, su actitud, distante, como si nunca hayas existido, ¿ porque te ha escrito?, no sabía con quien compartir esa felicidad que ahora le rodea, simplemente tú te encontrabas pensando en él mientras, él,  pensaba en otra persona, tus pensamientos se han cruzado con los suyos y comprendes, que ya no es lo que era, jamás volverá a serlo, te resignas, decides no contestar a su ultimo mensajes,  borras su existencia, pero piensas en esa persona que ha pasado por tu vida, en cómo te miraba, en cómo se esforzaba, te preguntas si solo es que fingía, la verdad que te bombardea es tan dolorosa qué prefieres, no saber la respuesta, intentas no pensar en las palabras que una vez te dijo, no quieres caer en esa trampa, en la de su egoísmo, en su hipocresía servida fría, tu bondad te dice que merece ser amado, ser feliz, pero hay algo que te molesta, la falta de humildad, la necesidad de dañar mas tu superficie, de rasgar ya las heridas para profundizar en tu dolor.
Tomas la decisión de no volver a mirar  atrás, no lo mereces, no mereces ese dolor que no te deja respirar, avanzar, rompes las páginas de vuestra historia, gritas y lloras, ríes y bailas, rompes sus recuerdos, lo tiras a la basura, lo recuperas, sacas de la basura lo que has tirado, agarras esa bufanda, la hueles, su perfume, lloras, secas tus lagrimas, vuelves a tirarla, no te atreves a sacar la basura, pero vas al armario, lo abres, dudas, ves  las prendas que te ponías para impresionarle, para arrancarle un alago a sus labios, decides que no te las pondrás en un tiempo, vas a la parte de atrás, la ropa de emergencia, aquellas prendas que guardas para esos momentos en los que quieres parar en seco a un hombre, aquellos modelitos que reservas, que nunca usas con el hombre que deseas, porque no llega ese momento.
 Escoges el que más marque tu figura, llamas a ese desconocido que te ofreció sus sonrisas, su afecto, su consuelo, te sueltas el pelo, te maquillas, puede que te pintes los labios,  por mucho que la tristeza empeñe tu mirada, te ves más fuerte y guerrera, te preparas para comerte el mundo, pasos seguros, decisivos.
Ves en esos nuevos ojos una chispa, un deseo, adivinas y lees la pasión, le gusta lo que ve, ganas seguridad, le sonríes desde la distancia, tienes más cuidado, pero quieres olvidar, y eso te empuja al precipicio, le besas, no es un deseo puro, es más bien turbio, descubres que te gusta, sus labios saben lo que hacen, te atreves a retirar el velo de la tristeza y mirarle, mirar esos profundos ojos, que son claros, no te habías fijado, te miran de frente ,no te esquivan, no ocultan nada, te llega su aliento, un aliento fresco y puro.
 Su mano, atrapa a la tuya, de una forma, diferente, te sorprende notar una caricia nueva, y por un momento crees que estas pecando, contra tus sentimientos, contra todo lo que sientes por él, aunque no le debes explicación y fidelidad, tus mejillas enrojecen, apartas los ojos de esa mirada que te otorga calma, te precipitas a retirar la mano, el te la engancha a tiempo para no dejarte ir del todo, captando tu atención y te fijas en su sonrisa, en sus diente, en la curvatura que los deja entrever, una boca ladeada, divisas en su rostro, te lee, y temes, quedar al descubierto, notas que él lo nota, te vas al baño, allí entre cuatro paredes, sentada sobre la taza del váter, te sientes mediantemente segura, respiras como si no quedara aire, sacas el móvil,  miras su fotografía, la ultima que guardas en tu teléfono, como si nadie lo supiera, tu secreto, y el desconocido que te espera fuera te manda un mensaje, no dice grandes cosas, pero son mas de las que esperas, eres preciosa, solo.
 Borras su fotografía, sales, mojas tu cara con agua fría, miras ese espejo, y quieres ver tu alma, escudriñas en tus ojos, ver si se ve a simple vista el dolor, que guardas dentro, compruebas que el maquillaje ayuda a tu mascara, tus manos tiemblan, estas nerviosa, titubeas y ya no crees nada.
Aguardas un momento antes de abrir la puerta, esperas que no se abra y deseas quedarte encerrada porque allí te sientes segura, la abres lentamente, como si tu vida dependiera de esos instantes, sales y esta esperándote, por un momento, quieres que sea otra persona, tu corazón recibe una descarga de emoción para volver a caer en la desilusión, al que no puedes arrancarte de tus pensamientos, pero es él, tu desconocido, te sonríe, con tanta calma, te sorprendes sonriéndole, no sabes la razón, tampoco quieres averiguarlo, pero te acercas con esa inseguridad, que tanto te delata, coges tu abrigo y al hacerlo la punta de tus dedos toca su antebrazo, una descarga, una pequeña señal de que te gusta.
Te sorprendes hablando de cosas, de cosas que no compartes mucho, que te escucha, y él se anima a contar pequeños detalles, te das cuenta que no ha sido tan mala idea conocerle.
Tienes algo con que comparar el pasado, pero lo que no comprendes es que comienzas a vivir, que ese desconocido te está ofreciendo un momento, tu lo vives, que tu mente no corre hacia los recuerdos y sonríes de verdad, que te estás dejando llevar y te gusta.
 Que de repente en un cruce su mano, se engancha a la tuya, espera ver tu reacción, tu ni te apartas, ni haces que vea que te importa, porque a el también le gusta, su mano es caliente, segura, lo que tú no ves es que el te mira de reojo y te sonríe tiernamente.
Tú no quieres ver la luz que irradia al verte, que de verdad ve tu belleza.
Estas tan perdida en si haces lo correcto que no percibes que la vida te esta recompensando, tu corazón no se da un respiro, no se permite ver con los ojos, te has atrofiado en el pasado, ahora hay alguien que te va a querer despertar.
Estas empeñada en el pasado que no dejas paso al futuro, pero una pequeña brecha se ha abierto, el está empeñado en traspasarla , y lo hace.
 Sientes un tirón, te coloca de frente, te mira, primero le miras y esquivas sus ojos, pero los sigue y se coloca allí donde lo ves, es raro no te exige que lo mires, ni agarra tu mentón, simplemente es otra táctica que funciona, le sonríes, aplaude, preguntas la razón, su contestación es por esa maravillosa sonrisa que el mundo no debería perderse.
Hay momentos que las palabras de ese desconocido rompe tu coraza, atraviesan tus muros y las barreras que pasas, que llegan hasta el fondo de tu conciencia,que temes, temes porque son tan verdaderas y sinceras, te impresionan, te paralizan y el efecto que causan, te hacen sentirte indefensa.
Paras en seco, no sabes que ha pasado, o que te pasa, no es lo que buscas quieres que vuelva tu pasado, porque estas acostumbrada, te despides, huyes, temes, es el mismo miedo que sentiste con él, pero te vas porque no estás segura.
Te niegas el presente, te consuelas en el pasado, te torturas, no contestas ni a los mensajes, ni a las llamadas, no quieres que te agobien, por eso pones en marcha un plan de agotamiento tanto mentalmente, como físico, llevas las dos cosas al límite, si antes te destruías ahora quieres acabar contigo, nada es correcto, caes en el olvido, en olvidarte de ti, no tienes punto intermedio, eres una chica de extremos, siempre lo has sabido, o amas demasiado, o odias con fuerza.
A la semana todo tu ser flota, no tienes hambre, ni sueño, ni piensas porque ya no tienes fuerza para hacerlo, el corazón te late tan deprisa que no sabes que los sentimientos por esos dos se han emborronado, así que estas anulando la vida, estas ganando y eso te hace tener el control.
Y un día, en el que no tienes ya ni fuerza para controlar la desesperación, caes, caes en lo que más odias, en la debilidad, bebes, tomas esas pastillas, que no sirven de nada, pero que crean una cortina de humo hacia tus sentimientos, así no los alcanzas, has bebido para que te hagan más efecto, lo hacen, pero no el que tu deseas, creas tu cortina de humo, ocultas tu número, marcas el suyo, te lo sabes de memoria, primero no sabes si has marcado bien, los números tiemblan en tu pantalla, saltan, borras, seis veces, llamas, nada, no te rindes, lo necesitas, es tu lugar, allí quieres estar, tu divinidad, sabes que él te tranquilizara, lo sabes, lo tienes claro, suena, primero dudas, te pareció que te contesto, miras, y efectivamente, está al otro lado, seguro que escucha tu corazón, parece que están amartillando tu pecho desde el interior, hasta tus costillas suenan huecas, unas lagrimas, demasiado pesadas para aguardarlas en los globos oculares, se vierten, tu mentón tiembla frenéticamente, tu mano casi no puede sostener el teléfono, por un momento crees que le llega todas esas emociones, que entiende que le echas de menos, más de lo que pensabas, que las noches son tan oscuras y los días demasiado soleados, demasiado felices en comparación con tu dolor.
Pero no es así, no le llegan, te dice, como si te reconociera en ese silencio,  como si se deshiciera de algo que le importa bien poco para conservar, que son las dos, que no quiere volver a hablarte nunca más, que hagas el favor de no molestarle.
La sangre se te hiela, molestas, molestas, la palabra se te repite, la escuchas en tu interior, en tus oídos, en el aire, te pierdes en su sinceridad, por un momento, no te crees, que haya contestado, hasta que se atreve a nombrarte, estás segura de que te reconoció, no sabes en qué, pero lo ha hecho, tu momento, cae al suelo, la noche se alarga, se escurece, las paredes tiemblan, pero en realidad eres tú, la fuerza que tenias se esfuma.
No te queda nada, lloras, en apariencia todo está perdido, pero tienes un único plan, una ducha, un cambio de imagen, y una llamada, con el numero al descubierto, primero una voz grave, un ¿te he despertado?, tengo ganas de verte, un silencio, un bueno “veo que no quieres tenerme”, como si percibiera que algo no va bien, decide verte, te pide unos minutos, media hora, bajas antes, el aire, necesitas aire, respiras, y sientes que tus pulmones aun funcionan.
El no está para traumas, pero sabe que tu coraza se ha roto, que tus murallas han caído, que las barreras están bajadas, quieres salvarte, el quiere arriesgarse, y ganara.
 Divisas un coche, para, le mira atreves del cristal, una sonrisa distante, decepción escrita pero te importara poco, un gesto para que te subas, bien, eso querías, te dice que donde quiere que te lleve, tocas su mano, llevas tu mano a su cara, lo miras y le dices que su casa es tu camino. Aparca, bajas, caminas hacia su portal, tropiezas, ríes nerviosamente, ese sonido hasta a ti te parecerá falso, le dirás que te pone nerviosa, porque deseabas verle, te aferras a su brazo, subirás en el ascensor, ni te mira, juega con las llaves, pensaras que el también te tendrá es lo que desean, todos.
Entras en su casa, la luz del pasillo te deslumbra, cierra la puerta y se apoya contra ella, notaras cierta tristeza, no te preocupara, te pesara más la tuya.
Te lanzaras en picado, colocaras los brazos rodeando su cuello,  le besas, con prisas y desesperación, no se inmuta, besaras su rostro, quieres pillar sus puntos ciegos, tampoco hace caso, cogerá tus manos con suavidad, las desenrosca bajara desde tu antebrazo hasta tenerlas entre los suyas, verá en tus ojos lo que le ocultas; yo veo en los suyos, un destello de compasión, te dice “así no, así no, yo no quiero eso”.
Te pilla por sorpresa, tus ojos vuelven a verterse, sentirás vergüenza por ti misma, doble vergüenza, ahora sí que quieres correr, quieres perderte, pero te perderás entre sus brazos, porque te tiene agarrada contra su pecho, fuerte, te susurrara palabras tranquilizadoras.
Le pedirás que te lleve, y te pedirá que te quedes, te enseñara una habitación de invitados, la aceptaras, porque a esas alturas te dará igual donde desaparecer, te quitas el abrigo, los zapatos, esperara hasta que entres en la cama, apagara la luz, se despide como si fueras una niña pequeña, no cierra la puerta, escuchas que entrar en su habitación, un soplido, y serás consciente de que lo has herido, deja su reloj sobre una mesilla, y un click, el de la lámpara,  todo queda a oscuras, apartas la sabana, bajas de la cama, te guías por un mapa mental que as adquirido entre las sombras de tus ojos, llegas a su habitación, sabes que te ha percibido, pero no te rechazara, porque en el fondo desea tenerte cerca para asegurarse de que estas bien, das un paso, esperaras, otro, esperas, hasta llegar a su cama, encuentras el hueco, que necesitabas, tocas su cuerpo, y antes de hacerlo sientes su calor, el calor que sale de su piel, no te rechaza y te acercaras mas, procuraras no hablarle muy cerca, sientes que contaminas con tu aliento que huele a alcohol aquel sitio,  le pides perdón por querer usarlo, tu voz es trémulas, te escondes, necesitas que la noche camufle un poco, dejaras que esas palabras se pierdan, que le den de lleno, pero su reacción te sorprenderá, él te estrecha mas contra su cuerpo, al percibir tanta ternura que no mereces, eso crees tú, lloraras, le contaras todo,  no podrías estropearlo más,  necesitas salir por esa brecha y confesar todos tus porqués,  cosas incoherentes, historias, disculpas, entre el presente y el pasado, no te entenderás, y sentirás  vergüenza de lo que has dicho y admitido.
 Pero lo que tú no sabes, es que, la primera vez que el te vio, percibió tu enorme dolor, diviso en algún lugar de tus ojos, entre el blanco y el iris, que algo en ti se rompió, dejo que tú te destrozaras, que te rompieras en mil pedazos, porque así era la única manera que él podría, reconstruirte, tenía la certeza antes de que tu lo supieras, sabía que el último lugar que escogerías seria estar a su lado, nunca pensaste en él como algo verdadero, sabía que lo usarías, te ha leído, te ha descifrado, te ha visto tal y como eres, con tu maleta, antes de ver tus lagrimas las presentía, no quiso cambiar lo inevitable, solo retomar el remo de tus ilusiones, esperar en un lugar aislado de tu presencia, en la quietud de tu alma, para encontrar su turno y guiarte, desde alguna forma, no sabía cómo hacerlo, pero sabía desde el momento que te vio que lo intentaría, lo supo, cuando diviso aquella brecha que se abría, esperaría y esperaría.
No sabía  lo  que hacía, a él también le temblaba el alma, le dolía, pero no podría decirte que te cuidaba con sus deseos, que pedía a la vida un nuevo reencuentro, que si le concedía ese deseo, se pasaría la vida pidiendo deseos a tus pestañas.
No te dijo que para el también habían muerto sus ilusiones, que han caído al pozo de la melancolía, el cómo tu, también llevaba una maleta pesada, pero al verte, advirtió un momento de espereza, y que se había quedo prendado de esa naturalidad que te empeñabas en esconder.
A la mañana siguiente sientes la ligereza, la vergüenza y un deseo nuevo que ha renacido, tu oreja en su pecho, tu pelo acaricia, no levantas la vista, como si te leyera el pensamiento, te dice que no pasa nada, que no te preocupes, allí comienzas a vivir con tus errores, a hacerles frente, y le miras, miras su rostro sereno, te sonríe, pero realmente te sonríe con el alma, mientras pasa su dedo índice por tu entrecejo, te disculpas, te levantas para huir, te retiene, tira de ti, te besa, tu cabeza ya no está entre las nubes, porque a él ya no le importa y porque sabe que está pasando atreves de la brecha de tu muro.
Siente que tu pasado, se ha roto, que ahora si es pasado, las cadenas que te han atado se han destruido, eres libre y te ve volar. Camina despacio a tu lado, a tu ritmo, no fuerza, y te olvidas de tu pasado sin darte cuenta, lo dejas atrás, lo dejas marchar, entonces te propones ser feliz, con lo que tienes, la vida te recompensa con mas, reacciona a tus deseos, temes, pero te consuelas con los hechos, con las muestras, los sentimientos que fluyen libremente por tu corazón, tu instinto, tu intuición no sobresaltan al más mínimo movimiento, están despiertos, pero tranquilos, como un caballo doblegado.
 Las pequeñas cosas se hacen grandes, sin presión, el tiempo transcurre, ya no está parado, transcurre como tiene que transcurrir, sin pausas, sin esos agujeros negros que te engullen, sin cámaras lentas, sin que tire de ti, sin retenerte.
Y un día cualquiera, de un mes sin importancia, de una hora que no te acuerdas, el teléfono parpadea, primero piensas en el desconocido, que ahora tiene nombre, un lugar, y un sitio, sobre tu estantería, pero ese número, hace mucho que lo has olvidado, ese nombre ya no te ha vuelto a venir a la memoria, es algo, de tu pasado, pero un sentimiento te recorre, primero temes, pero al momento tu consciencia reacciona, recoloca las cosas, lo tienes claro, no es temor, simplemente, es indiferencia, te atreves a leerlo, un hola cuanto tiempo, piensas, en el tiempo que habrá pasado, comprendes que no lo recuerdas, sonríes porque en su momento significo tanto y ahora no es nada, no te preocupa, cómo y cuando se marcho, ni que haya vuelto, no te incomoda ni su foto, ni te interesa su historia, pero eres educada, sincera, le dices que estas muy bien sintiéndolo de verdad, te emocionas, al admitir que brillas nuevamente.
Sigue conversándote, como si no ha pasado nada, como si para él , el tiempo seguirá en el ayer, te cuenta que el no está muy bien, que fue injusto, escudriña una disculpa, que no te crees del todo, no le sigues el juego, comprende que va mal, entonces intenta otra alternativa, te echo de menos, cuando me llamaste pensaba en ti, pero estaba con ella, pero ahora no lo está, te das cuenta, y que quizás, solo quizás te apetecía quedar con él, por recordar, viejos tiempos.
 Lo que no comprenderá es que no hay tiempo que recordar, que te da igual, como, cuando y porque se fue, que los motivos que le hayan hecho volver no son tu problema, que no tienes la llave de su felicidad, y que si una vez, el ha tenido ahora es de otro propietario, pero, hace cinco mensajes que has dejado de leerle, porque sientes que es una pérdida de tiempo atarse al pasado, pudiendo estar en el presente.
Lo hablas con tu desconocido, veras en sus ojos quizás inquietud, tanto el cómo tu, tenéis un miedo consciente a perderos, te pregunta entre dudas que decisión tomaras, con una sonrisa brillante y luminosa, le contestaras, que has elegido, que iras asta al final, con tu decisión, sus ojos se serenan y su cuerpo disminuirá esa tensión.
En su interior te lo agradecerá.
Volverás a hablar con él, para rechazarle, desde la amabilidad, comprenderás que no fue para tanto, que cuando crees que tu mundo acaba es porque realmente está comenzando, que habrán cosas que hay que romperse para volverlas a construir y que hay cosas que se deben de destruirse, para poder seguir libremente.
Tú has incinerado tu pasado.
Un día aparentemente normal, quedas, y frente a tu portal habrán dos coches, dos oportunidades, dos elecciones, dos caminos, dos sensaciones, dos alternativas, dos personas que no se conocen, pero que comparten algo, Tu, sin saberlo, esperaran a la misma persona, uno con mucha ilusión, con mucho deseos de continuar, el otro con remordimientos y con esperanza,  tu sin elegirlo, deberás de enfrentarte a dos épocas, pasado y presente, uno te sonreirá con el corazón, el otro con toda la vergüenza que puede recoger, y cuando salgas por esa puerta, los dos saldrán por la suya, uno con cita previa, el otro con las ansias de confirmar tu perdida.
En el momento que salgas y tus ojos reconozcan los suyos, sabrán que comparten, uno tendrá miedo, el otro suspirara,  tu corazón sobresaltara con uno, tus pies te conducirán, uno fingirá una simpatía y usara el mote cariñoso que te otorgo en otros tiempos, seguro de que le escogerás, el otro esperara, como siempre, ese espectador silencioso, ese cazador, uno ira hacia ti y el otro se apoyara contra el coche, tu retrocederás, y señalaras al que está apoyado contra el coche, le dirás que vas con él.
 El que está apoyado saludara, te mirara, tendrá la certeza de que sois uno para el otro. El, que no conoce al desconocido, lo mirara con desprecio, te mirara, pero sabe que no se rinde, aun, intentara persuadirte. Vivirás el presente, pero con el pasado pisándote los talones, como si quisiera atrapar algo que no queda, reconquistar algo que ha perdido, no es consciente de que no hay sitio para él, porque te hizo daño no queras herirlo.
No quieres ser como él, ni que sienta esa desesperación, le haces el favor de ahorrarle, las lagrimas, le ahorras las noches largas, los días eternos, la vida llevada al extremo,  sabes que tienes esa opción, doble filo, romperle para que alguien lo construya de nuevo, pero no lo harás, porque no puedes vivir con las consecuencias, entonces, dejas que el tiempo pase, le vuelves a decir, que no hay espacio, aunque lo lamentes mucho, las cosas han pasado justo como debían pasar, como tú, el ha tenido dos opciones, tú has elegido, por suerte, o desgracia el también, que el pasado, es solo pasado, que tu miras hacia el presente.
 Y solo por un tiempo intentara volver a reconquistarte, se presentara sin previo aviso, sin mirar la hora te llamara, te mandara mensajes, te bombeara por los cinco costados, para que caigas, ver tu punto débil, recordara algo, lo usara, se presentara con un ramo de flores, quizás , con unas disculpas, puede, unas alabanzas a tu belleza, que llegan demasiado tarde con cierto retraso en el tiempo, pero no importa, estarás entre la espada y la pared, es lo que hace, no darte margen de movimiento, ponerte en aprieto, ahogar los momentos, los deshace y los crea a su merced, sin importarle la parte contraria, no ve que por detrás está tu desconocido, esperando, y cree que esa sonrisa es para él, se creerá que te ha reconquistado, ha calculado bien al fin te conoce y sabe como reaccionarias,  tan galante, tan seguro, esos pasos, esa pose, se acerca como un felino, te quiere besar, tu sin verle, como si fuera una sombra del pasado, te apartaras, lo esquivas en el momento exacto que tu desconocido cambia de postura, vuelve a querer atrapar tus labios, arrancaras las flores de su mano, si las hay , usara todas sus cartas, todo su cortejo, y  si hay flores, las rompes contra lo primero que ves, no sabes si le habrás dado, pero le gritas, dejas que esa furia salga, le pides que por favor acabe esto, que no tiene a quien  impresionar,  nada le espera ya aquí, tu desconocido tiene un ataque de risa, cuando vera que estas furiosa y vas en serio, que le pides al otro que se vaya que no quieres causarle el mismo daño que él te causo y que por una vez te respete, veras a tu conocido frente a ti, mirándote, pidiéndote que te tranquilices, te atrapa entre sus brazos y solo entonces constaras que hay mucha gente mirándote, que comentan, que hablan, ves la renuncia en los ojos de él, ves que se aleja, y sientes paz.
No eres consciente, de que pasa hasta que no lo vives, pasar por el transito del dolor para llegar al perdón, para poder volar muy alto hay que romper todas las ataduras, que no haya más que espacio vacío entre dos personas, aprender, que sobre los cimientos del pasado no se puede construir nada solido, se necesita tierra firme, y para que eso pase te deben derivar, todos los muros, las barreras, las mascaras, las corazas, las cadenas; que los errores, simplemente complementan las historias, que te llevan a caminos que hasta ahora solo habías evitado, la desesperación es un contraste de la realidad, las lagrimas un alivio, la tortura es opcional, y el tiempo una verdad.
 La vida es un puzzle, que por mucho que nos empeñemos en encajar piezas que no encajan en el sitio inadecuado acaban por no encajar, el destino te colocara,  y sabrás que eres la pieza ultima de un momento, que es solamente tuyo, que lo que tienes te pertenece, ni más ni menos.
 En ese momento, tu mirada, va a vislumbras una chica, de mirada perdida, leerás en su mirada la tristeza, veras en su rostro la desesperación, caminara desorientada llevara una maleta grande por la cual se asoma un dolor, lo arrastra, pero llegara donde debe de llegar, y alguien la remarcara, como tu tanto deseabas, que alguien ajeno a tu dolor te comprenda, que remarque algo distinto en ti y se fije desde la sinceridad de su corazón, comprendiera las cosas desde dentro hacia fuera, que encaje las piezas que has perdido, y recomponga el puzzle de tu vida.
Pues tu eres la pieza de alguien en su puzzle y el es la tuya.
Te acercarías y le dirías que todo saldrá bien, pero como ella,  tú sabes que aquellas palabras no le llegaran, pues bajo el embrujo del desamor esta, sabes bien que solo el tiempo, cura y conduce.
 Te giras y miras a tu izquierda, te alegras,  de que un desconocido, que aparentemente quería aprovecharse de tu situación, que en un momento de negrura vislumbro una luz y la siguió, porque no habría persona que completará mejor tus carencias, puede que no sea perfecto, ni tu lo eres, pero él sabe que no lo es y no levanta una cortina de humo creando una falsa seguridad, vive con él, aceptándose y acepta lo que eres. Puede que no entendemos los porqués, ni tengamos respuestas para ciertas situaciones, pero un día, se olvidan o se revelan, y todas las preguntas quedan contestadas.
Date prisa en despertar, pues el tiempo corre de tu cuenta, no te cierres, y vive porque viviendo se te recompensara, el miedo es solo una cortina de humo, que si soplas con la fuerza adecuada desaparecerá.


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